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De la chakra al mundo: mujeres productoras de Orellana transforman el “Sacha Inchi” en oportunidades

Lidamparo Sánchez, lideresa afrodescendiente y migrante colombiana radicada en la provincia de Orellana, Ecuador.

Lidamparo Sánchez

Sacha Ayllu (Familias del Monte) es una cooperativa autosuficiente que genera empleos y vida digna a sus socias y socios. Actualmente, está integrada por 63 emprendedoras/es quienes bajo su cara comercial: SachaFit, se están abriendo paso en mercados nacionales e internacionales con su producto estrella con certificación orgánica: “Sacha Inchi” o Maní del Inca.

Lidamparo, una mujer negra, inmigrante colombiana,  nos cuenta con orgullo cómo un grupo diverso de mujeres (indígenas, negras, mestizas y montubias) empezaron desde cero y superaron varias barreras para llegar a este punto gracias a su autogestión y perseverancia.

“Las mujeres nos caemos y nos levantamos, sacudimos la falda y caminamos, no nos damos por vencidas”.

Lidamparo Sánchez

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Lideresa afrodescendiente 

Todo inició con la necesidad de resolver un problema común en la zona: desnutrición y mala salud de la niñez por una dieta deficiente de nutrientes. Las mujeres, al ser las encargadas primarias del cuidado y la crianza, decidieron organizarse para buscar soluciones.

Es así cómo, después de analizar varias alternativas, descubrieron el sacha inchi, una “mina de oro” para familias de recursos limitados por su alto contenido de proteína, fibra y omegas. ¿Lo mejor?, se trata de un producto propio de la zona que ya tenían en sus fincas. A partir de ello, empezaron a experimentar con esta semilla para elaborar galletas, aceite y nueces. Lidamparo ríe recordando cómo al inicio “dañaban” mucho producto. No obstante, aplicando las recetas ancestrales que aprendieron de sus abuelas y su propio conocimiento empírico encontraron la respuesta para iniciar con la comercialización.

Este bioemprendimiento no tiene como único objetivo el incremento de ingresos. De igual importancia son los resultados que ha tenido para el empoderamiento de sus socias gracias al fortalecimiento del vínculo que tienen entre todas. Mientras trabajan en la producción, aprovechan para hablar sobre sus problemas personales y dudas. Así, Sacha Ayllu es un lugar seguro de intercambio en donde se prioriza el humor, las dinámicas y el apoyo entre mujeres, fortaleciendo su sentido de pertenencia.

También trabajaron en un vínculo con la juventud, logrando una sinergia potente que combina la experiencia empírica de mujeres adultas en las fincas con la adaptación tecnológica y conocimiento científico que la juventud obtiene en la universidad. Así, han recibido aportes en la investigación y diseño de su imagen corporativa; actualmente, las y los jóvenes lideran áreas críticas como la comercialización, el turismo y la gestión de registros técnicos. De esta manera, el bioemprendimiento ofrece una alternativa económica para que vean la finca como un espacio de desarrollo profesional, donde se manejan de manera sostenible los recursos que provienen de los bosques bajo el sistema Chakra o huerta familiar

Sacha Ayllu ha superado los obstáculos que han encontrado en el camino. En primer lugar, estuvo la limitación de acceso a recursos financieros y a conocimiento técnico. Para ello, organizaron eventos para la recaudación de fondos. Por ejemplo, gestionaron la donación de un “chancho de la dicha” al que le hicieron de todo “venta de carne, preparación de morcilla, caldo de manguera, rifa de la cabeza” con lo que recaudaron lo suficiente para pagar por las notificaciones sanitarias. Por otro lado, los jóvenes apoyaron con la investigación en internet cada vez que fue necesario.

Además, Lidamparo, con la experiencia de toda una vida , ha iniciado procesos de formación técnica que le dan las herramientas necesarias para aportar al crecimiento del bioemprendimiento. Este año obtuvo su título de tercer nivel en la Escuela de Negocios “Katurana Yachana Wasi”, lo que le dio paso a la obtención de una beca de la Universidad de Arizona para un programa de capacitación para la exportación al mercado estadounidense. Su avance académico ha inspirado a otras socias quienes también, con su apoyo directo, están buscando oportunidades similares.

En segundo lugar, sus esposos veían sus reuniones con desconfianza. Pensaban que eran espacios solo para el chisme y que serían la causa de descuido de sus responsabilidades en el hogar y la finca. Por eso, las reuniones iniciaban después de las 8 de la noche cuando ya terminaban sus oficios domésticos. Sus jornadas se extendían hasta la media noche demostrando su sacrificio y compromiso. Una vez que el emprendimiento empezó a moverse, ellos finalmente identificaron el beneficio para mejorar las condiciones de vida de toda la familia y pasaron de ser críticos a colaboradores activos.

También tuvieron que mantenerse firmes ante la incredulidad sobre la capacidad de un grupo de mujeres para sacar adelante un negocio. No solo eso, si no que existieron influencias externas que buscaron generar conflicto al interior de la organización. Afortunadamente, la solidez de la red y una cultura de transparencia total con registros claros y facturas de todos los gastos no permite que crezca la desconfianza. Así pasaron de ser “las locas” a ser el orgullo de la provincia de Orellana. “Si se nos aparece un millón de dificultades, tenemos un millón de soluciones para salir adelante” menciona, llena de seguridad.

Finalmente, Lidamparo nos hace una invitación: “Venga, que podemos intentar un mundo diferente”.

El 8 de marzo de cada año se conmemora el Día Internacional de la Mujer, este 2026 se conmemora además el año de la Mujer Agricultora y de las Mujeres Rurales, por lo que consideramos que es fundamental visibilizar las historias y voces de mujeres que luchan por generar espacios de igualdad y que empoderen a otras mujeres.